HISTORIA
Me hice las siguientes preguntas:
«¿Cuál es el objeto que más usamos en nuestra vida cotidiana?»
«¿Cuál es aquel que siempre llevamos encima, pero que resulta tan frágil?»
«¿Y cuál es aquel que puede reflejar nuestra personalidad y nuestro sentido del humor, y que nos permite llevar cada día un pequeño pedazo de arte con nosotros?»

Todas esas preguntas me llevaron a la misma respuesta: la funda del teléfono.
Fue entonces cuando tuve una revelación
Coquelicot sería el nombre de mi marca.
Siempre he sentido un amor profundo por las flores, las plantas y la naturaleza.
Mi fascinación por el mundo natural era algo que sabía que debía expresar a través de mi trabajo.
Como pasé parte de mi infancia en el campo francés, recuerdo los largos paseos con mi madre. Ella solía decir:
«Mira esta flor roja, es una amapola. Solo debes tocarla con la mirada, porque es
tan frágil, delicada y suave».
Era su flor favorita, y hablaba de ella con el corazón. Cuando miro una amapola, recuerdo esos momentos, cómo sus pétalos bailan con el viento, su ligereza, su color vivo.

A todos los que se unen a mí y comparten parte de este viaje, quiero darles las gracias. Gracias por ayudarme, día tras día, a recrear la magia de los campos de amapolas.
Fondatrice CARLIE RAINAUD